Reflexiones: el blog de Fundación Manantial

La supervisión, una herramienta para reflexionar sobre nuestro trabajo

Desde hace más de 12 años, los equipos de trabajo que tienen atención directa a usuarios en cualquiera de los programas, servicios y recursos que gestiona Fundación Manantial, cuentan a su disposición con una herramienta de formación e intervención y una metodología estructurada de trabajo denominada supervisión. Actualmente, coexisten hasta seis modalidades de supervisión dentro de la entidad dependiendo de dónde se ponga el foco: supervisión de casos, supervisión de equipos, supervisión individual del director, supervisión de la orientación comunitaria del dispositivo, supervisión del espacio multifamiliar y supervisión de grupos.

Desde el principio hemos tenido claro en la entidad que la supervisión, más allá de ser una herramienta de formación, que también lo es, debe ser en nuestra práctica una forma de trabajar, un ingrediente más incorporado a nuestra forma de entender la rehabilitación psicosocial y la intervención social y comunitaria en general. Una herramienta, pero también una metodología de trabajo estructurada que nos ayuda a mantener criterios psicosociales y éticos de referencia para hacer nuestro trabajo de la mejor manera posible y cuidando ciertos aspectos relacionados con la complejidad de la tarea y sus implicaciones prácticas y emocionales.

¿Qué es la supervisión?

La supervisión es una aportación genuina del Trabajo Social y que tiene sus orígenes a principio del siglo XX con las mujeres voluntarias de las sociedades caritativas en Estados Unidos. Esta aportación se ha ido constituyendo como una respuesta sensible y posible en las organizaciones inmersas en la complejidad, donde conviven procesos marcados por una elevada incertidumbre y la irrupción a cada momento de nuevos fenómenos, realidades muy cambiantes y exigentes en lo social y en otras esferas (médicas, jurídicas, etc).

No encuentro mejor manera de definir qué es la supervisión que utilizar las palabras de Carmina Puig, profesora de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, en su artículo “La supervisión en los equipos de Servicios Sociales: una oportunidad para la reflexión, el pensamiento y el cuidado de los profesionales” * La supervisión es el análisis de la práctica profesional que realizan los trabajadores de ámbitos psicosociales. Es un trabajo sobre el trabajo, un meta trabajo que se sitúa en la interfaz entre el aprendizaje, la formación, la educación y el apoyo en una organización o institución. La supervisión en la intervención social, llevada a cabo por un supervisor externo a la institución, es un proceso y una relación que tiene como objetivo revisar el trabajo profesional y los sentimientos que acompañan la actividad. También ayuda a contrastar los marcos teóricos y conceptuales con la praxis cotidiana.

Complementaria a esta definición, destaco otra ofrecida por uno de los supervisores de la Fundación, Fernando García Solano, psiquiatra del Hospital Gregorio Marañón, y que se puede encontrar en la introducción al Plan de Formación Interna de la entidad. No se trataría en este caso de poner donde falta, sino rescatar la experiencia y el conocimiento adquirido por profesionales y equipos, lo que ya existe, pero, defensivamente, ha quedado mezclado y paralizado. Y es desde este punto de vista que el enfoque grupal, en modo taller, aprovecha la potencia del pensamiento y dinámica grupal para dinamizar, complementar e integrar el conocimiento sobre los casos estancados, deteriorados y residuales.

Durante todos estos años, la decisión de atravesar nuestra práctica por la supervisión ha ido evolucionando, pero siempre teniendo claras algunas premisas que podríamos enunciar de la siguiente manera:

La supervisión la tiene que realizar un profesional externo.

Tiene que ser ejercida por profesionales cualificados y con experiencia en supervisar equipos de trabajo bien de servicios sociales o sanitarios, para que conozca lo mejor posible los escenarios y situaciones en las que nos movemos.

La orientación teórica del supervisor es importante pero siempre abriremos el abanico a diferentes orientaciones, dependiendo de las características de los equipos y del perfil técnico de los recursos.

La supervisión es voluntaria, partimos de un principio de incertidumbre y no saber sobre nuestra tarea, alejándonos de la omnipotencia o el simple sentido común, que a veces guían actuaciones en el ámbito de trabajo de la salud mental comunitaria.

La supervisión puede ejercerse sobre las actuaciones con los usuarios o sobre el propio equipo de trabajo o sobre la función específica (en nuestro caso, la dirección), pero siempre está al servicio de la tarea, no de las necesidades de los profesionales, aunque en las supervisiones siempre se pone en juego el desarrollo personal-profesional para conseguir objetivos institucionales.

Las sesiones de supervisión están reguladas por un encuadre técnico donde se establece de forma planificada los días, horarios, duración, participación y compromisos de las partes.

Objetivos de la supervisión

• Proporcionar un espacio de encuentro e intercambio en torno a la propia práctica de intervención.

• Mejorar la práctica profesional, ubicando ésta en el marco de un grupo de profesionales, con la asistencia del supervisor.

• Analizar situaciones concretas en la intervención de los diferentes casos.

• Aportar niveles de discusión más amplios sobre cada situación particular o individual.

• Desarrollar las capacidades personales de cada miembro del equipo proponiendo y realizando intervenciones en casos concretos.

• Analizar las dificultades personales de los profesionales en la práctica de su trabajo.

La institución

Siempre nos ha interesado mucho poder pensar y analizar el papel de la institución en la tarea y en el espacio de trabajo y de relaciones dentro de los equipos que atienden a personas con determinadas necesidades. Siguiendo a José Leal, supervisor institucional y colaborador de Fundación Manantial, la institución ofrece a los profesionales una función de apoyo, seguridad, bienestar, afiliación, identificación y sentimiento de pertenencia a un conjunto; asimismo, facilita identidad, trascendencia y participación en ideales comunes. La cantidad y la calidad del compromiso entre el profesional y la institución será lo que marque el tipo de relación de cada cual con las instituciones. Esta relación es muy compleja y tiene, por lo menos, dos componentes: la posibilidad de que los profesionales depositen un exceso de anhelos y deseos en las organizaciones, o bien todo lo contrario, que resulten insuficientes. Esto es algo que hemos identificado en la Fundación y que la supervisión viene a ayudarnos a pensar. Si el profesional no aporta una parte suficiente de sí mismo a la institución, nos dice Carmina Puig, no puede generar un sentimiento de pertenencia y, en consecuencia, no puede desarrollar una tarea común. Por el contrario, si pone un exceso de sí mismo y es demasiado dependiente corre el riesgo de que cualquier cambio que se proponga lo pueda vivir como un peligro o una amenaza. Entendiendo las cosas de esta manera, tenemos que saber que la parte emocional y vivencial de nuestra tarea es una variable a tener muy en cuenta. ¿Por qué? Porque si la institución no interpreta adecuadamente las necesidades de los profesionales o las vive como un ataque, puede provocar un sentimiento de abandono y desamparo en el profesional que repercute en el trato que recibo el usuario del servicio, que es, en última instancia, el principal beneficiario al que va dirigida la herramienta de la supervisión.

La supervisión con datos y nombres

La inversión en supervisión durante este año 2021 va a superar los 45.000 euros anuales.

Un total de 21 supervisores atienden a 38 equipos de toda la entidad y a 29 directores de forma individual. Podemos decir que es la actividad con mayor impacto de las que se desarrollan en la Fundación porque llega a todos los equipos.

En las evaluaciones que se hacen todos los años a los profesionales, el nivel medio de eficacia de las supervisiones obtenido en la evaluación de 2020, es de 4,49 sobre 5 puntos, lo que supone una evaluación algo por encima del resto de tipologías de formación, que puntúan 4,35 sobre 5.

Antes de acabar, y sabiendo que el espacio asignado se queda corto para un tema con tantas posibilidades, me gustaría nombrar a algunos de los supervisores de la Fundación, actuales y pasados. No están todos porque son muchos, pero son representativos de sí mismos, del resto de supervisores y de la filosofía, valores y técnica de la entidad. Mariela Michelena, Emilio Irazábal, Diego Figuera, Ricardo Guinea, Violeta Suárez, Mariano Hernández Monsalve, Javier Segura, Federico Suárez, Alejandro Martínez, Fernando García Solano, Andrés Blanco, Belén Muñiz, Antonio Ceverino, Antonio Tarí, Amor Hernández, Pilar Nieto, Silvia Amarilla, entre otros y otras, hasta un total de 21 supervisores repartidos entre todos los dispositivos y servicios que están supervisando en este año 2021.

Las orientaciones teóricas van desde el psicoanálisis, la teoría sistémica, modelos de apego, grupos operativos, teoría de grupos, modelo de recuperación, modelos de salud comunitaria, orientación cognitiva conductual, ámbito psiquiátrico, sin intención de enumerar tampoco todos los modelos. Los ámbitos de trabajo de los supervisores son instituciones u organismos públicos y/o privados tanto de servicios sociales, como de servicios sanitarios vinculados a la salud mental.

Conclusión

En Fundación Manantial vamos a seguir apostando por esta modalidad de formación, de análisis de la práctica y por esta forma de hacer grupo a través de la reflexión y el compartir las dificultades y oportunidades de nuestro trabajo con personas vulnerables y vulneradas que tienen que ser parte de la comunidad para que tengan el mejor de los apoyos posibles.

Entendemos la supervisión como una forma de cuidar a los usuarios a través del cuidado de los equipos que les atienden.

Somos conscientes que, tanto por la inversión de tiempo y de presupuesto como por el impacto en profesionales y usuarios, la práctica de la supervisión en la Fundación necesita una investigación amplia apoyada por una universidad y que suponga una herramienta de evaluación a la altura de la intervención que se hace y ganemos la visibilidad que ahora mismo no tiene, siendo un valor técnico y ético del que tenemos que estar tod@s muy orgullosos.

*Cuadernos de Trabajo Social” 123. Vol. 24 (2011): 123-133

Raúl Gómez, director de Recursos de Atención Social Fundación Manantial

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