{"id":4050,"date":"2023-02-14T08:00:59","date_gmt":"2023-02-14T07:00:59","guid":{"rendered":"https:\/\/www.fundacionmanantial.org\/planta-cuarta\/"},"modified":"2023-02-14T08:00:59","modified_gmt":"2023-02-14T07:00:59","slug":"planta-cuarta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.fundacionmanantial.org\/en\/planta-cuarta\/","title":{"rendered":"Planta cuarta"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong><em>\u201cComo todas las transformaciones verdaderas, fue tan lenta y suave como el crecimiento de una planta\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">La historia interminable. Michael Ende.1979.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:44px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Me llamaron un s\u00e1bado. Estaba en la puerta del supermercado aprovechando la hora de tregua sin ni\u00f1os que nos dan las clases de karate. Me preguntaron si el martes quer\u00eda incorporarme a un equipo especialista en salud mental con personas refugiadas ucranianas. Ni idea de ucraniano, pocos a\u00f1os trabajando en salud mental y s\u00f3lo alg\u00fan peque\u00f1o escarceo con refugio (esto \u00faltimo ni de curr\u00edculo, no s\u00e9 si me entienden)\u2026 as\u00ed de primeras pens\u00e9 que era una equivocaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Hice llamada de c\u00f3nclave familiar y dije que s\u00ed (llevo \u201cAnhelando Tormentas\u201d tatuado en la nalga derecha). Adem\u00e1s de las condiciones y de que tendr\u00eda que meterme dos horas de coche diarias para trabajar, supe que: <strong>55 hombres ucranianos procedentes de un neuro-psiqui\u00e1trico de Prokovsky, una ciudad de la regi\u00f3n de Donetsk, hab\u00edan llegado a Espa\u00f1a hac\u00eda cinco d\u00edas y, desde entonces, no hab\u00edan salido de la planta cuarta de una residencia de mayores de Colmenar Viejo. Algunos de ellos estaban en regresi\u00f3n (vete t\u00fa a saber qu\u00e9 es exactamente estar en regresi\u00f3n) y hab\u00edan tenido que empezar a usar pa\u00f1al.<\/strong> Supimos tambi\u00e9n que en realidad eran 110 (55 fueron a otra residencia de Carabanchel) y que uno de ellos hab\u00eda fallecido al llegar a Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Entender\u00e1n que, bajo estas circunstancias, el respeto hacia lo que nos encontrar\u00edamos era un lugar com\u00fan entre lxs profesionales que nos presentamos all\u00ed un martes del mes de marzo. La incertidumbre estaba bien justificada, aquella era una nueva situaci\u00f3n a la que pocas personas se hab\u00edan enfrentado\u2026un terreno virgen profesionalmente hablando.<\/p>\n\n\n\n<p>Es otra historia para ser contada en su momento, pero el equipo convocado all\u00ed, brillaba con los galones que dan los a\u00f1os en el trabajo del t\u00fa a t\u00fa, conociendo miserias y acompa\u00f1ando a lxs desahuciadxs en busca de esa luz que alivie el sufrimiento\u2026por supuesto, muchas veces a costa de su propia salud. Por ello, era tambi\u00e9n un lugar com\u00fan el pensamiento de que lo primero que deb\u00edamos hacer era salir con esos hombres de aquella planta. A nadie le parec\u00eda una buena idea que 55 personas con problemas de salud mental, con vete t\u00fa a saber que experiencia de guerra en sus carnes y sin poder comunicarse, permanecieran encerradas cinco d\u00edas en un lugar que les era completamente ajeno y fr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que all\u00ed nos plantamos a las nueve de la ma\u00f1ana para enfrentarnos a lo que viniera. La primera impresi\u00f3n fue bastante desconcertante porque en ese lugar no hab\u00eda ning\u00fan hombre con pa\u00f1al. Sin embargo, s\u00ed recuerdo toda aquella primera imagen en tonos grises. Un amplio espacio com\u00fan sin alma, una larga fila de hombres vestidos de forma sombr\u00eda, con tez plomiza, cuerpos abandonados al abandono, tierra quemada en sus miradas, esperando un m\u00edsero cigarro para fum\u00e1rselo por turnos, hacinados en una habitaci\u00f3n de peque\u00f1as dimensiones con las ventanas clausuradas\u2026silenciosos, apenas curiosos por nuestra presencia, complacientes c\u00f3mo s\u00f3lo complace el que tiene terror a las consecuencias de sus actos\u2026lo cierto es que era imposible no retrotraerse a tantas im\u00e1genes que hemos visto del Holocausto. Me vi obligado a sincronizar miserias; aquella que tra\u00eda imaginada de casa, con esta estampa sumamente perturbadora que estaba viendo\u2026 Hablo s\u00f3lo de una primera impresi\u00f3n, no de un absoluto de lo que estos hombres son o representan. El paso de los meses y el conocimiento mutuo nos dej\u00f3 profundos surcos donde se sembraron sentimientos maravillosos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron muchas cosas aquel d\u00eda (cada jornada de los meses que estuvimos all\u00ed fue de una intensidad abrasadora), pero nuestra vivencia en el ascensor de aquella residencia de Colmenar Viejo, concentra varias esencias de lo que fue nuestro trabajo all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de la primera toma de contacto (hubo quien jugaba al ajedrez, hubo quien recog\u00eda ropa sucia de las habitaciones, hubo quien intentaba rescatar alguna biograf\u00eda, hubo quien observaba sentadx en una silla\u2026), organizamos el primer grupo que saldr\u00eda al exterior. Nos ofrecieron un peque\u00f1o jard\u00edn dentro de la residencia, 25 metros cuadrados, vallado, puerta con candado, sillas de pl\u00e1stico con m\u00e1s mierda que el palo de un gallinero\u2026la zona de recreo de uno de los m\u00f3dulos de la residencia d\u00f3nde se encontraban las personas con m\u00e1s necesidades de apoyo, llamadas (para nuestro estupor) las \u201cno v\u00e1lidas\u201d. Con las que, por cierto, no coincidimos nunca. Uno de nuestros hermanos ucranianos bautiz\u00f3 aquel cuchitril de recreo como LA JAULA.<\/p>\n\n\n\n<p>Ocho hombres de tez cenicienta (m\u00e1s cinco de nosotrxs) cogimos por primera vez el ascensor camino del Jard\u00edn del Ed\u00e9n (pocas personas, pero suficientes para nuestras expectativas iniciales). Una vez all\u00ed, hubo quien se sent\u00f3 a recibir rayos de sol, hubo quien se puso a hacer flexiones, hubo quien recit\u00f3 una poes\u00eda y hubo quien manifest\u00f3 estar hasta el gorro de escucharlas, casi todos fumaban compulsivamente\u2026mientras, lxs del \u201cequipo especialista en salud mental con personas refugiadas ucranianas\u201d hac\u00edamos esfuerzos \u00edmprobos por comunicarnos con una aplicaci\u00f3n de m\u00f3vil que acab\u00e1bamos de conocer (tuvimos una o dos int\u00e9rpretes que vinieron alg\u00fan d\u00eda, otra que huy\u00f3, otros que llegaron cuando ya sab\u00edamos m\u00e1s ruso que Rasput\u00edn\u2026un poco as\u00ed). O sea, el nivel de partida fue estar dos horas para preguntarle al otro en su idioma: \u00bfC\u00f3mo te llamas?<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel \u201cprimer momento jard\u00edn\u201d fue especial, por lo sumamente raro, \u00bf\u00edbamos a poder hacer algo all\u00ed? \u00bf\u00e9ramos acompa\u00f1antes o carcelerxs?<\/p>\n\n\n\n<p>Una hora despu\u00e9s lleg\u00f3 el momento de regresar a la planta. En la residencia reinaba un gran miedo estigmatizante a lo que aquellos \u201clocos\u201d pudieran hacer (un \u201csegurata\u201d sentado al lado de la salida vigilaba la puerta para que nadie pudiera escaparse) y el ascensor que ten\u00edamos que coger s\u00f3lo se pon\u00eda en funcionamiento y paraba en nuestra planta si accion\u00e1bamos una llave que permanec\u00eda custodiada por no s\u00e9 qui\u00e9n. El caso es que nos metimos 15 personas en el ascensor y una compa\u00f1era accion\u00f3 la llave. El ascensor subi\u00f3 hasta la cuarta planta, pero las puertas no se abrieron y el ascensor volvi\u00f3 a la planta baja. En el segundo viaje tampoco lo conseguimos y, al abrirse las puertas en el bajo, ya hab\u00eda all\u00ed tres personas mayores con sus andadores esperando para subir. Saludamos educadamente. Tercer viaje y comienzan las risas nerviosas. En realidad, \u00bfqu\u00e9 sab\u00edamos nosotros de esa gente con la que viaj\u00e1bamos hacinados? Torreones grises de miradas duras, desconcertados como nosotros ante aquella situaci\u00f3n. En el quinto viaje, dos de nuestras compa\u00f1eras decidieron abandonar el barco empujadas por su claustrofobia, y all\u00ed se quedaron dando explicaciones a los mayores de por qu\u00e9 no termin\u00e1bamos de concretar. No s\u00e9 ni cuantos viajes hicimos hasta que conseguimos aterrizar en la planta cuarta, pero tengo grabada una secuencia que se repet\u00eda en bucle y que no fue tal (porque en ella yo observaba desde fuera) en la que la puerta se abr\u00eda y cerraba continuamente, y en cada apertura se ve\u00eda a aquellos hombres sombr\u00edos, a cada viaje m\u00e1s nerviosos, observando a unos desconocidos chiquitos y angustiados, que luchaban por atinar con el funcionamiento de una peque\u00f1a llave y, lo que era peor, con su propia praxis profesional.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues, como digo, finalmente llegamos (aunque podr\u00edamos estar todav\u00eda en aquel ascensor) y, con todo, en la reuni\u00f3n de cierre valoramos la salida con un aprobado alto y decidimos programar una nueva unas horas despu\u00e9s. Ilusos\u2026 A la hora acordada nadie quiso volver a salir\u2026 No s\u00e9 los dem\u00e1s, pero ni que decir tiene que volv\u00ed a casa con la contrariedad a cuestas (recuerden que era el infiltrado), con muchas dudas de lo que pod\u00eda aportar a esos hombres, como si aquello de \u201cequipo experto en salud mental con personas refugiadas\u201d no fuera m\u00e1s que un gancho publicitario, una suerte de marketing, un slogan vac\u00edo de contenido (en el trato con personas, uno puede sentirse el ser m\u00e1s capacitado del mundo cuando todo sale bien y el m\u00e1s ruin cuando las cosas vienen mal dadas). Sin embargo, al d\u00eda siguiente alguien nos cont\u00f3 que muchos de ellos, al poco de irnos y por primera vez desde que estaban en Espa\u00f1a, se acercaron a las ventanas para observar y fotografiar las monta\u00f1as que se ve\u00edan m\u00e1s all\u00e1 de los cristales. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Parece que \u201cComo todas las transformaciones verdaderas, fue tan lenta y suave como el crecimiento de una planta\u201d y, desde aquel momento, aquellos hombres ya no fueron los mismos. Y nosotrxs tampoco.<\/p>\n\n\n\n<p><em>David S\u00e1nchez Rat\u00e9s<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cComo todas las transformaciones verdaderas, fue tan lenta y suave como el crecimiento de una planta\u201d. La historia interminable. Michael Ende.1979. Me llamaron un s\u00e1bado. Estaba en la puerta del supermercado aprovechando la hora de tregua sin ni\u00f1os que nos dan las clases de karate. 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