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A continuación se exponen y se analizan brevemente los once mitos considerados como más influyentes y que constituyen un apoyo esencial y crítico para la “supervivencia” del ancestral estigma asociado a esta enfermedad y a todos aquellos que la padecen. Mito nº 1: “La esquizofrenia es sinónimo de doble o múltiple personalidad”. El vocablo esquizofrenia –de origen griego- desde un punto de vista etimológico significa “escisión (schizo) de la mente (phrenia)”. El uso de este término concreto trataba de resaltar la aparente escisión, separación o división entre aquello que es percibido y/o creído por el individuo (percepción subjetiva de la realidad) de aquello otro que sería considerado como real, desde un punto de vista más objetivo. Sin embargo, el concepto ha sido malinterpretado desde un punto de vista histórico, utilizándose en ocasiones como sinónimo de “doble personalidad” o incluso de “personalidad múltiple”.
Ambas denominaciones, esquizofrenia y personalidad múltiple, constituyen dos entidades diagnósticas totalmente diferentes.
Mito nº 2: “La causa de la esquizofrenia es unívoca y única”. Hoy día la unanimidad en relación al origen de la esquizofrenia está lejos de poder alcanzarse y se apunta hacia el peso específico de factores tanto genéticos, bioquímicos, estructurales, funcionales y psicosociales. Lo que sí genera un acuerdo unánime es que en todos los casos los marcos actuales mejor aceptados – y fundamentados- se alejarían intencionalmente de cualquier connotación o vestigio estigmatizador y culpabilizador en relación a la génesis de la enfermedad y su evolución posterior.
Mito nº 3: “La esquizofrenia es consecuencia de una familia patológica”. La investigación científica ha desacreditado (o al menos minimizado) la importancia de aquellas teorías de los años 50 que apuntaban a la familia como una de las “culpables” de la enfermedad. Las variables familiares siguen desempeñando un rol bastante importante en la interpretación actual de la esquizofrenia, tanto desde un punto de vista conceptual (por ejemplo como una fuente de estrés para el propio individuo), como diagnóstico (la familia como un recurso privilegiado para monitorizar los progresos y avances terapéuticos) e incluso terapéutico (la familia como aliado terapéutico a través del cual promover una mayor adherencia al tratamiento prescrito) pero en todo caso alejadas de cualquier clase de rastro real de culpabilización o de supuesta responsabilización en relación al origen de la enfermedad.
Mito nº 4: “Los esquizofrénicos o son genios o tienen un nivel de inteligencia menor”. El arquetipo popular del genio es el de alguien más o menos loco. Dalí, Artaud, John Nash, Van Gogh, Rimbaud, Goethe, Hölderlin, Althusser, Schumann, Hemingway, Virginia Wolf y Juan Ramón Jiménez, son sólo algunos de los ejemplos que sirven para asociar creación artística con locura en cualquiera de sus manifestaciones (esquizofrenia, trastorno bipolar, depresión, etc). Una visión muy maniqueísta sobre esta cuestión ha polarizado las lecturas que se hacen de la enfermedad mental desde los extremos de genialidad y arte al polo opuesto de deficiencia mental o inteligencia límite, cuando la realidad es que el mayor número de personas afectadas no están ni en un extremo ni en otro. La esquizofrenia y el retraso mental son dos categorías diagnósticas con una entidad clínica propia y ampliamente diferenciadas entre sí. Una persona con esquizofrenia no tiene nada que ver con una persona con deficiencia mental, salvo que las dos se incluyen dentro del grupo genérico de las minusvalías, como también se incluyen un invidente. La esquizofrenia se presenta en personas con índices de inteligencia muy dispares, y dentro de esta disparidad se pueden dar casos ilustres como los citados que han padecido algún tipo de enfermedad mental y han sido considerados unos genios dentro de su ámbito profesional.
Mito nº 5: “Los esquizofrénicos son personas violentas”. Esta es la creencia más recurrente en relación a los prejuicios relacionados con los trastornos mentales. El estereotipo social del enfermo mental violento, impredecible e impulsivo, interesadamente alimentado desde los medios de comunicación, provoca entre la población miedos, desconfianzas y/o recelos y –como clara consecuencia- una intensa tendencia a evitar todo aquello que se relacione, directa o indirectamente, con este tipo de personas. Una mirada a los datos nos devuelve a la realidad: La contribuci&on de aquellas personas con psicosis a la violencia global de la sociedad es bastante limitada. En líneas generales, se considera que menos del 10% de los episodios extremos de violencia son atribuibles a personas con un trastorno psicótico. En realidad, lo que suele suceder es que la persona que padece esquizofrenia, no es que no sea más violenta por el hecho de padecer esa enfermedad, sino que en muchas ocasiones puede suceder todo lo contrario, convirtiéndose en un factor crítico que multiplique la vulnerabilidad individual a padecer algún tipo de episodio de abuso o maltrato por parte de terceros. Mito nº 6: “La estigmatización es exclusivamente producto de la ignorancia”. Se podría decir que, a simple vista, el fenómeno de la estigmatización de la esquizofrenia podría estar provocado por la pura ignorancia y el desconocimiento de sus aspectos más fundamentales que definen su naturaleza real, por lo que este fenómeno se encontraría sólo presente en los círculos sociales con un menor nivel sociocultural. Sin embargo el problema es mucho más complejo, ya que incluso son los propios profesionales que trabajan en salud mental y en todo el ámbito sanitario en general los que contribuyen – de una forma más sutil e implícita – al fenómeno de la estigmatización. Estudios recientes señalan entre estos mecanismos desarrollados por los profesionales actitudes, procesos, inercias y/o hábitos que favorecen este fenómeno indeseable. Son: la etiquetación diagnóstica, los trastornos “intratables”,
los efectos secundarios de los fármacos, la incongruencia profesional y la marginación de la salud mental.
Mito nº 7: “No existe ningún tratamiento eficaz para la esquizofrenia”. Si bien, hoy por hoy, no resulta posible afirmar que dispongamos de una “cura” para la esquizofrenia sí que, al menos, disponemos de recursos terapéuticos, tanto de naturaleza psicosocial como farmacológica, que han demostrado su potencial real para controlar de una manera bastante significativa los síntomas más característicos e incapacitantes de la enfermedad, permitiendo a la persona con esquizofrenia llevar un estilo de vida tanto a nivel personal, familiar, social y laboral razonablemente satisfactorio… y en todo caso mucho mejor del que habitualmente se cree. La combinación de un tratamiento farmacológico y un tratamiento psicosocial es considerado la norma mejor establecida entre amplios sectores profesionales para el tratamiento de esta enfermedad.
Mito nº 8: “Los esquizofrénicos nunca se recuperarán de su enfermedad”. No hay ninguna evidencia empírica que defienda esta creencia. Es más, los estudios apuntan en otra dirección. Mason y cols (1995) realizaron un estudio durante un periodo de 13 años sobre un grupo de personas con esquizofrenia. Entre sus conclusiones básicas destacan: - El 80% tuvieron una recaída en los dos años siguientes al primer brote psicótico. - En el periodo final del estudio el 55% mostraba una adaptación social aceptable. - El 17% se encontraban libres de síntomas y sin necesidad de recibir medicación. El riesgo de recaídas en una enfermedad como la esquizofrenia es alto (si la causa de la recaída es bien detectada, las medidas terapéuticas a adoptar son fácilmente aplicables y el paciente vuelve a controlar bien los síntomas) pero ello no es sinónimo de que jamás volverán a recuperarse. Sin duda, la estigmatización es uno de los factores que contribuye de forma esencial a precipitar estas recaídas.
Mito nº 9: “Los esquizofrénicos deberían ser siempre institucionalizados”. El único tratamiento que hasta hace menos de veinte años recibían los pacientes esquizofrénicos era la reclusión y el aislamiento en hospitales psiquiátricos alejados de los núcleos urbanos para evitar el contacto con la locura. Como resultado de los procesos de reforma psiquiátrica, el modelo de atención psiquiátrica sufre un cambio radical y se pasa de un modelo manicomial a un modelo comunitario, donde la persona recibe una atención individualizada enfocada a lograr su inserción social y familiar. La institucionalización, hoy día, queda reservada para aquellos pacientes que dadas sus especiales circunstancias (personales, sociales o familiares) o la gravedad de sus síntomas (presencia de crisis severas), pudieran suponer un peligro para su entorno social o para sí mismos. Un avance esencial enunciado en la Ley General de Sanidad de 1986 consiste en integrar la atención psiquiátrica hospitalaria dentro de los hospitales generales como una especialidad más dentro del ámbito sanitario.
Mito nº 10: “Los esquizofrénicos son incapaces de decidir en su tratamiento”. A pesar de las dificultades y el impacto que la enfermedad puede provocar en el paciente, hay que intentar siempre, sea cual sea el tratamiento ofrecido por los profesionales, lograr y estimular la participación del enfermo en el marco de una relación de trabajo basada en la colaboración, la confianza, la atención y el respeto. Una atmósfera terapéutica basada en la participación, el optimismo y la esperanza va a ser predictora de una buena recuperación.
Mito nº 11: “Los esquizofrénicos no pueden trabajar”. Hoy por hoy se considera a la inserción laboral como uno de los factores clave en el proceso rehabilitador de la persona con esquizofrenia. Tener un empleo supone, para cualquier persona, pertenecer de pleno derecho a una sociedad que, de otra forma, te discrimina y te supone un ser improductivo. A pesar de las dificultades y las barreras sociales a las que tienen que enfrentarse (muchas veces más determinantes que las limitaciones personales), las personas con esquizofrenia pueden desarrollar un trabajo de manera tan eficaz como cualquier persona sin ninguna discapacidad. Es cierto que, a veces, esta población puede mostrarse más vulnerable en entornos laborales excesivamente competitivos y/o estresantes, por lo que otras opciones como el trabajo a tiempo parcial, el empleo protegido, el trabajo voluntario o fórmulas más actuales como el autoempleo o el trabajo a través de internet, resultarían también muy
adecuadas. El apoyo proporcionado desde los centros de rehabilitación laboral supone un facilitador y una garantía de éxito en los procesos de inserción formativolaboral de estos pacientes.
Un desarrollo más detallado de estos mitos se puede consultar en la dirección www.psiquiatria.com, en el artículo titulado Esquizofrenia: Las raíces del estigma. David Puchol Esparza. Psicólogo (2005). |
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