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La Residencia es un recurso muy ambicioso, donde viven personas muy diferentes en cuanto a psicopatología, historias de aprendizaje, nivel de discapacidad psicosocial, motivaciones, objetivos de rehabilitación e integración, hábitos, tiempo de estancia, etc.
Además las diferencias técnicas, personales, culturales e ideológicas de cada profesional introducen valoraciones y criterios muy distintos a la hora de diseñar y realizar intervenciones concretas con los residentes.
Es obvio que la Residencia no es la casa de quienes viven en ella. Eso es algo que saben, sobre todo, los residentes y tampoco es el objetivo hacer de las Residencias las casas de cada uno de los usuarios. Pero el modelo que más ayuda a la reflexión sobre cómo organizarlas y a descubrir cuáles deben ser las claves que faciliten
al máximo su función de colaborar en la mejora del funcionamiento psicosocial del usuario es el que ve a este recurso, frente a otras opciones residenciales que existen (residencia familiar de la que proceden, hospitales, hoteles, albergues,...), como una casa o un hogar compartido con otras personas que también padecen un trastorno mental grave.
Pero, ¿cuáles son las funciones que deben cumplir una casa o un hogar? ¿En qué han dejado de ser funcionales los hogares de referencia de las personas con trastorno mental derivados de la Residencia? ¿Qué hace a una casa diferente de una pensión, de un albergue, de un hospital?.
Las casas de cada persona deben facilitar, básicamente, que en ellas se sientan seguras en el sentido más amplio que se pueda concebir. Y en la medida en que los residentes se sientan seguros en las Residencias se estarán sentando las bases para abordar su función de atención psicosocial y de apoyo.
Efectivamente, no solo debe ser un espacio donde se respeten los derechos del usuario a la privacidad e individualidad o diferencia del resto de residentes, sino que también en el plano emocional, las residencias deben facilitar que los usuarios se sientan valorados y apreciados personalmente.
Deben sentirse valiosos por los roles que desempeñan y porque los demás (profesionales y usuarios) reconocen y estiman esa valía. Además es imprescindible que se sientan comprendidos en las dificultades que puedan tener para desmpeñar las tareas que se les pide y deben comprobar que en caso de errores y/o comportamienrtos indeseados, al margen de las consecuencias
que pudieran tener en términos de normativa, van a tener la colaboración profesional para corregir la conducta más allá del simple castigo. Finalmente y en relación con la normativa de las Residencias, ese sentimiento de seguridad, de relajación y de confort que todas las personas sienten cuando, en alguna parte, se sienten como en casa,
está muy relacionado con que no haya ni una sola restricción de más y con el grado de control que se tiene sobre el entorno, sobre la residencia en este caso.
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