Voy a ser la voz de los que no la tienen

Todavía me embarga una gran emoción al recordar esa gran tormenta de sensaciones que tuve el pasado 25 de abril al participar en el acto en el que la Fundación Manantial otorga su premio bianual Miradas. Tuve el honor de ser invitada a la mesa redonda “Experiencias en primera persona” junto a otros dos compañeros y al gran pianista James Rhodes.
 
Ser elegida para hablar allí fue una gran oportunidad que la Fundación Manantial me brindó y desde aquí quiero dar las gracias a todas esas personas que confiaron en mí para tan importante momento, y que sin duda ha supuesto un antes y un después en mi existencia.
 
Nada más llegar a Caixaforum, que es donde se celebraba el acto, me sentí acogida, pues allí estaba Susana con su eterna sonrisa que tanta fuerza siempre me da, para animarme y disipar los pocos nervios que me acompañaban. La atención recibida por toda la organización fue sensacional, Alicia me acompañó hasta mi sitio en la primera fila y ahí empezó un sueño hecho realidad.
 
Mientras los espectadores se dirigían a sus respectivos asientos, eché una ojeada al auditorio y pensé en las casi trescientas personas que estaban ahí congregadas, que se iban a sentar, entre otras, cosas para escuchar lo que yo tenía que decir y la euforia se apoderó de mí. Un pensamiento (esta vez de los buenos) me dijo que era un momento “para disfrutar, que era una ocasión única y que tenía que aprovecharla” y aquello disipó los nervios y sólo pensé “Este es tu momento, Silvia”.
 
Antes de comenzar el acto vi a Sol y a Patricia, tan cariñosas conmigo, y pude saludar a Antonio Ceverino, mi psiquiatra en el Centro de Salud Mental de Hortaleza, que también había ido para escucharme, una persona muy importante para mí, pues siempre me ha tratado con mucho respeto y me da un apoyo que hoy es imprescindible en mi vida. Mis últimos pensamientos fueron para dos personas a las que les fue imposible asistir y sin las cuales hoy no estaría en este mundo: mi psicoanalista Amanda Goya, que lleva sosteniéndome 26 años, y mi psiquiatra Luisella Rossi, que con gran dosis de paciencia y respeto me ha ayudado a poder medicarme siempre desde la lógica y la coherencia.
 
Cuando llegó el momento de subir al escenario, una felicidad muy grande me invadió. Lo primero que hice fue saludar a James Rhodes. Todavía no había dicho que su libro “Instrumental” es desde hace un tiempo uno de mis libros de cabecera, pues a pesar de la experiencia traumática en lo real que porta bajo sus hombros, su libro es un canto a la vida, es una apuesta porque se puede encontrar siempre en la vida algo a lo que agarrarse para salir victorioso de la peor de las batallas. Así que ya os podéis imaginar que conocerle fue una experiencia increíble para mí.
 
La mesa redonda “Experiencias en primera persona” trataba justo de rescatar aquello que nos había salvado a cada uno de nosotros del sufrimiento que, a cada uno de una forma diferente, nos había tocado en la vida.
 
La periodista que coordinaba la mesa no estaba muy orientada respecto a mí y, aunque no pude decir todo lo que me hubiera gustado por temas de tiempo y organización, creo que dije lo más importante: que a mí lo que me había salvado la vida eran las palabras, que las palabras me sujetan y que el Psicoanálisis me había permitido agarrarme a ellas.
 

Se habló también de normalidad y de los intentos que los presentes hemos hecho por ser o parecer normales. Yo por mi parte ya me cansé de intentar tener una vida normal, porque muchos años de mi análisis me han enseñado que la normalidad no existe.
 
Se habló también de medicación, un tema polémico que creo que invadió un poco la mesa, porque dos de mis compañeros hicieron un pequeño alegato contra los neurolépticos. James dijo que los neurolépticos le habían salvado la vida en un momento, y yo, quién me lo iba a decir a mí, hice una pequeña defensa de la medicación. Pero no de la medicación respecto a un diagnóstico, sino de la medicación desde el uno por uno, desde la mínima dosis posible para un sujeto particular, no para que le anule, sino para que le permita funcionar en la vida sin esa angustia y ese sufrimiento que a veces lo invade todo.
 
Y aunque es cierto que comparto esa crítica a la Psiquiatría imperante, que como dice mi amiga Vilma Coccoz “se ha olvidado de que los pacientes hablan”, también es cierto que hay otros psiquiatras que apuestan por la palabra, que apuestan por crear redes de palabras donde sostener a las personas. Yo misma participo en los grupos que a ese efecto están organizados en el Centro de Salud Mental de Hortaleza, y son una parte muy importante para sostenerme en la vida.
 
También intenté destacar la importante labor que realiza Fundación Manantial en sus dispositivos, donde trata de abordar la enfermedad mental desde el acompañamiento y el soporte, y no desde la consideración de que los sujetos con los que trabajan tienen un déficit que hay que arreglar. La enfermedad mental no corresponde a ningún déficit, corresponde a unas coordenadas subjetivas que marcaron la vida de un sujeto en sus inicios, detrás de sus padecimientos, detrás de sus síntomas hay una lógica que hay que desentrañar, hay que tomarse el tiempo de escuchar a los sujetos y no utilizar perversamente la medicación para taparles la boca.
 
Como decía Freud, hay que tomar cada caso como el primero porque la solución de cada sujeto siempre será particular y para eso hay que dar tiempo de escucha a los pacientes. Por eso desde aquí también quiero reivindicar que dejen de invertir tanto dinero en el descubrimiento del gen mágico que nunca van a encontrar, e inviertan más dinero en sostener a las personas, en acogerlas, en no abandonarlas ante la soledad de la enfermedad mental. Eso seguramente nos hará ser una sociedad mejor, que cuida y no desprotege, y estoy segura que la salud mental de las personas mejorará.
 
Esta es mi visión sobre las cosas y lo que intenté transmitir. Se me quedaron cosas en el tintero, espero tener más oportunidades para decirlas.
 

Después de terminar la mesa, James tocó maravillosamente y yo no podía parar de llorar de la emoción y eso que lo mejor estaba por venir. El cariño con el que fui recibida por todo el público una vez terminado el acto, desde el presidente de la Fundación Manantial, hasta muchos otros desconocidos que fueron a hablar conmigo, a abrazarme, a darme las gracias por mis palabras, nunca lo voy a olvidar.
 
Fue el día más feliz de mi vida, y no es una exageración, porque nunca me había sentido tan querida y acogida por lo que soy. Ya no tengo que esconder mi enfermedad nunca más, eso es lo que cambió ese día y el sentir de una manera increíble que no estaba sola, que había un montón de gente acompañándome y valorando mis palabras. También cambió la forma de verme, cambió esa sensación de no llegar nunca a lo que la gente normal llegaba, ver por fin el mérito que tengo de estar donde estoy, a pesar del lugar que el destino me tenía reservado, valorar lo luchadora que soy y, como dice mi analista, esa fuerza que tengo para no rendirme.
 
Y ese día también tomé una decisión muy importante: que, en la medida de mis posibilidades, intentaré ser “la voz de los que no la tienen”, porque si somos sinceros no se escucha mucho a las personas con enfermedad mental. Que mi sufrimiento sirva para algo, que ayude a otros, porque hemos venido a este mundo a algo más que estar; hemos venido a ayudar a los demás, a que nuestra vida sea útil para otros.
 
Así que, como dice mi psiquiatra, ya salí del armario y esto es para siempre, vivir mi enfermedad sin culpa y sin esconderme en ningún lado.
 
Gracias infinitas a cada persona de la Fundación Manantial que hace mucho mejores la vida de muchas personas, y gracias a Susana, a Patricia, a Belén y a todo el equipo del Centro de Rehabilitación Laboral “Hortaleza” por apostar por mí y darme esta inmensa oportunidad; un afecto profundo me une a todos vosotros.
 
Silvia García Esteban
 
Silvia es experta en Literatura infantil y juvenil, escritora y poeta. Antes de descubrir el mundo de la literatura y el inmenso poder de curación de las palabras, trabajó como mediadora en diferentes proyectos sociales relacionados con el mundo de la inmigración y el refugio.
Tiene un particular compromiso con la infancia, llegando a desarrollar durante cuatro años el proyecto Mamá de día en su hogar, un espacio de acompañamiento respetuoso para niños entre 0 y 3 años.
Actualmente lleva a cabo un proyecto de animación a la lectura y creación artística en un cole de Madrid.

 
Fotografías de Imagen en Acción

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    2 respuestas a Voy a ser la voz de los que no la tienen

    1. Helena de Carlos dijo:

      Muchísimas gracias Silvia en nombre de Fundación Manantial. Un placer contar contigo en los Premios junto a James Rhodes y otros amigos cercanos que quisieron compartir sus experiencias. Nos gustó mucho escucharte y volveremos a hacerlo en el futuro, aunque lo que más nos satisface es ver lo importante que ha sido para ti.

      • Silvia García Esteban dijo:

        Muchísimas gracias Helena, una gran oportunidad poder compartir ese gran momento con todos vosotros. Soy muy afortunada.

        Abrazos

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