Tomar la vida en serio

Tomarse las cosas muy a pecho nunca es bueno, hay que darle su justa importancia a las opiniones de otros y las cosas o circunstancias que nos suceden y/o atravesamos. Es necesario desdramatizar lo que nos sucede a cada instante y tener un enfoque más positivo, ya que de lo contrario caeremos en una espiral de preguntas y de hipótesis negativas sobre cada acontecimiento vital.
 
¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¿Por qué me sucede todo lo malo a mí? ¿Por qué siempre me equivoco? ¿Por qué siempre me tratan mal? ¿Por qué nunca me pasa nada bueno?
 
Estas, entre otras, son muchas de las preguntas que nos surgen en momentos duros, o no tan duros, de nuestras vidas y son en sí mismas una búsqueda negativa de culpables en la realidad, sirviendo principalmente para castigarnos a nosotros mismos por crímenes que no hemos cometido y son una verdadera losa para seguir adelante, pudiéndose convertir por acumulación en el inicio de una peligrosa y oscura amistad con la depresión, un círculo vicioso del que nos costará un mundo salir si no cambiamos de mentalidad y vemos el lado positivo de las cosas.
 

Las generalizaciones presentes en las preguntas anteriormente enumeradas como son “todo”, “siempre”, “nunca”,… no hacen otra cosa que cerrar la posibilidad de ver la luz, ya que dan un sentido erróneo al hecho sucedido de que este es completamente “malo”, siendo esto un juicio equívoco, ya que el hecho estará compuesto de distintas circunstancias y seguramente no todas sean negativas.
 
“No hay mal que por bien no venga, ni mal que cien años dure”, ya lo dicen los refranes; en la vida se atraviesan rachas mejores o peores que se van sucediendo unas tras otras, pero somos nosotros mismos los que le colgamos la etiqueta de “mala” racha o “buena” racha. Somos los que calificamos las situaciones como malas, regulares, peores, mejores o buenas, en definitiva. Si buscamos los aspectos positivos, que los hay, en cada racha de tiempo, nuestros tiempos no nos parecerán tan malos.
 
¿Cómo salir del bucle negativo?
 
Empezando por relativizar los sucesos y quitarle hierro al asunto, cada cosa tiene la importancia que nosotros mismos le damos. ¿Por qué incidir sólo en los aspectos negativos entonces si también existen los aspectos positivos?
 
Tenemos la insana costumbre de considerarnos el ombligo del mundo pensando que todo gira a nuestro alrededor, que todo nos sucede por ser nosotros y simplemente lo que sucede lo hace sin más. Los hechos o circunstancias y la vida, suceden. La vida no piensa ni tiene planes maquiavélicos para con nosotros, sino que nosotros mismos en nuestra percepción negativa de lo que nos rodea vemos conspiraciones universales ficticias para justificar de algún modo lo que considerarnos “malas” rachas. Si nos damos cuenta de que los sucesos son temporales y tienen fin, este será un buen comienzo. Nada es eterno y después de la tormenta siempre viene la calma, si nosotros queremos calma, claro está, hay quien sigue viendo tormentas en un simple vaso de agua y acaba ahogándose en él.

 

Por lo tanto, es necesario un cambio de actitud, dejar a un lado el tremendismo y el catastrofismo para ser más realistas e incluso optimistas, viendo las bondades de los acontecimientos, ya que la vida es dualidad y lo “malo” viene agarradito de la mano de lo “bueno” y viendo también que todo en esta vida tiene solución o una manera más llevadera de pasar el trago sin atragantarnos. Si nos empeñamos en buscar soluciones en vez de culpables, en vez de autofustigarnos, finalmente las acabaremos encontrando a no ser que nos empeñemos en atragantarnos de nuevo con el inocuo vaso de agua.
 
Otro paso importante a dar es el de no querer tener el control de todo lo que nos rodea, ya que esto es imposible de conseguir debido al libre albedrío de las personas y las cosas, así como también a la existencia del azar en todo ello. Nadie es capaz de prever y controlar del todo las situaciones que le ocurren ni debe pretender hacerlo, ya que eso mismo le causará un gran malestar y una continua frustración, a la que se sumarán muchos de los pensamientos negativos anteriormente mencionados.
 
Nosotros mismos somos nosotros mismos y solo tenemos control de nuestros actos, en ocasiones ni siquiera, y no podemos tener el control de lo que dicen o hacen los demás, por mucho que nos gustase para salirnos siempre con la nuestra sin ningún impedimento. Tampoco tenemos control absoluto sobre las cosas o circunstancias que nos suceden, por lo tanto, si hay adversidades no somos los culpables, a no ser que dejemos de buscar soluciones y nos dediquemos a sufrir inútilmente por lo que escapa de nuestro control en lugar de afrontarlo y resolverlo.
 

Para terminar con mi post de hoy os dejo, queridos lectores, con un fragmento de “Las Leandras”, revista española a la que pertenece este acto que da nombre al post y cuya letra no tiene desperdicio y es de gran valor como consejo a seguir.
 

 
Por Pedro A. Lara, blogger de afición e interesado en el crecimiento y desarrollo personal así como defensor de los derechos fundamentales de las personas.
Puedes leer más post de Pedro en su blog personal: http://siguiendoadelante.tumblr.com

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