Locos, que no enfermos

Me confieso fan de Fernando Colina. Me resulta inevitablemente fácil. Y es así porque habla con una cercanía y el contenido de las ideas que transmite es tan sensato que soy incapaz de no serlo.
 
El pasado 14 de abril, como parte de los actos del 30 aniversario de la entidad Intress, se celebró una entrevista-coloquio en el salón de actos del Caixaforum de Madrid en el que Colina fue la figura invitada. Acompañado por Mariano Hernández y Teresa Vargas habló sobre la violencia del lenguaje y sobre la locura, un término que sigue vigente hoy en día y que, frente a lo que se pueda pensar, es menos dañino que otros como “enfermo” o “esquizofrénico”, que suponen etiquetas negativas y estigmas difíciles de borrar de la biografía de una persona.
 

Salieron a debate los diferentes tipos de encierros que viven estos “locos”. Si bien los manicomios fueron cerrados hace años, actualmente sigue presente el tratamiento moral del que hablaba Foucault y el traslado a los hospitales generales donde se les sigue tratando como enfermos.
 
No son enfermos. Hay que desenfermar, no curar. Hay que acompañar, no medicar indiscriminadamente. La mala psicoeducación y el adoctrinamiento que supone convencer a una persona de que el delirio es que algo va mal en su cerebro, que tiene síntomas catalogados en un manual, hace cerrar la puerta a descubrir por qué ocurre ese delirio. Es quitar la responsabilidad al sujeto y fomentar que sienta lo que le ocurre como algo ajeno y, por lo tanto, cuyo manejo no está en sus manos. Pero también se habló de esperanza, de cambio y hasta de revolución ya que, afortunadamente, hoy en día la convivencia está en los servicios sociales y no en la psiquiatría.
 
La integración socio-comunitaria, en la que tengo el placer de desarrollar mi labor profesional, es una realidad llamada a crecer y convertirse en el contexto natural de convivencia de todos, donde todos tenemos cabida, los que estamos locos y los que no. ¿Y quién me dice a mí que no estoy loco, pese a no tener un diagnóstico ni una incapacidad? Loco, eso sí, que no enfermo.
 
Antonio Carralón López
Jefe del área de nuevas tecnologías del Centro de Rehabilitación Laboral “Torrejón”

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    11 respuestas a Locos, que no enfermos

    1. raul dijo:

      Comparto contigo, Antonio, tu mirada y tu admiración por Colina. Fue una jornada muy productiva para remover los cimientos de una visión de la psiquiatría muy arraiga en el modelo médico. Colina no pone el dedo para tapar el sol ni dictar sentencias, hecho que le diferencia de muchos psiquiatras que hablan desde la cátedra sin poner orejas a la realidad de la calle.

      • Antonio, excelente artículo!. Felicidades!.
        Quiero habitar un lugar en el que desarrollar mi locura como lo hacen los demás, libre , consciente y responsablemente.
        Donde la tolerancia y el respeto sean la piedra angular fundamental en la que reflejarse para seguir creciendo.

        Feliz día y ánimo con la semana.!!.

        • Antonio Carralón López dijo:

          Esos lugares existen, Francisco. No es un camino fácil, pero existen. Y no creo que sean los pasillos de un hospital… Pero bueno, poco a poco.

        • Marcos dijo:

          No sé, pero a mi, como afectado, me parece igual de estigmatizante que me llamen loco, enfermo o “bipolar”. Si miramos las acepciones de la palabra “loco” en el diccionario de la RAE, veremos que ninguno de los que estamos escribiendo respuesta a este artículo hemos perdido la razón, por ejemplo.

          • Tienes toda la razón, Marcos. Y es que en el caso del lenguaje y de ponerle nombre a las cosas, encontré (encontró Fernando Colina, concretamente) menos ofensivo el término “loco” que “enfermo”. A mi me pareció bien por usarlo en términos generales, por eso de ¿quién no está un poco loco? pero atendiendo a una definición “oficial” como la que viene en la RAE, puede ser ofensivo también.
            Si tuvieras que ponerle tú un nombre ¿cuál usarías? si es que usarías algono, claro, que eso de poner etiquetas está bastante feo, también…

            • Marcos dijo:

              Efectivamente, Antonio, es muy difícil poner una etiqueta. Luego, es distinto “estar enfermo” (coloquialmente “malo”) que “tener una enfermedad”. Y también el tiempo verbal: “estuve enfermo” no estigmatiza, pues es sinónimo de “estuve malo”. Pero parece que, hoy en día, se apuesta por diversidad funcional, que, personalmente, me parece más rebuscado.

          • helena dijo:

            Pues estoy muy de acuerdo contigo Marcos. A mi tampoco me gustaria. Supongo que todo depende del contexto en el que utilicemos las palabras, y no es lo mismo hablar en un contexto literario donde jugamos con el lenguaje y otros contextos en los que las mismas bien intencionadas palabras pueden herir a mas de uno. Difuminar la linea que separa la cordura y la locura, hablar de la salud mental como un continnum en el que todos nos podemos mover segun lo que nos ocurra en la vida y como seamos capaces de responder a ello, siempre ayudara a entender un poco mas y estar mas cerca de la persona que por un problema de salud mental,tenga el nombre que sea, sufre.

            • Marcos dijo:

              Gracias Helena. En un articulo mío de próxima publicación hablo del “aporte” del personal auxiliar a los usuarios, dada su doble condición de profesional y de afectado.

      • Antonio Carralón López dijo:

        Y son, precisamente, los psiquiatras los que en aquellos primeros momentos, acaso los más difíciles, tienen la oportunidad de ayudar a que el paciente coja las riendas o se haga pequeñito y se deje llevar por la deriva… ¡Más Colinas, por favor!

    2. Lidia dijo:

      Soy Lidia, diagnosticada de hernia de hiato. A veces me diagnostican de amigdalitis o de otras cosas, pero eso no me define. Soy madre de dos hijos, nunca se han tenido que identificar ni presentar con mi diagnóstico. Tengo muchas otras “etiquetas” adjetivos con l@s que se me puede definir. Borja, diagnosticado de trastorno bipolar, a veces diagnosticado de amigdalitis, pero eso no le define. Nuestra coincidencia , no es la amigdalitis, nuestra coincidencia es el parentesco. Somos madre e hijo, la diferencia es que yo no tengo que justificar ni demostrar al mundo ni mi buena fe, ni mis emociones cada dia en mi entorno lejano o cercano. Los dos tenemos crisis la diferència es como tratarlas. Personalizar lo que te diagnostican es quitarte fuerzas para ver a donde vas es empoderar al “otro” y quedarte ain armas para ver y aprovechar lo que tambien tienes. Para mi es el gran peligro de la estigmatización que a nivel consciente o inconsciente te deja sin recursos para “arreglar” cualquier diagnostico, pero sobre todo deja sin fuerzas ni ganas

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