Enfermedad mental e imagen

La imagen de la enfermedad mental es una poderosa herramienta que, dependiendo de las manos en   que se encuentre, puede influir en la batalla contra el estigma e inclinar significativamente la balanza hacia un lado u otro.El mes pasado estuve de vacaciones en EEUU y confirmé en primera persona el daño que la imagen es capaz de hacerle al colectivo de personas con enfermedad mental. Aquello que tantas veces hemos visto en cine y televisión, aquellos indigentes en constante brote psicótico, vagabundos vaciando una basura, gritando incoherencias y canturreando solos se me presentó con terrible regularidad en las dos grandes ciudades que tuve el placer de visitar y me hizo preguntarme lo siguiente: ¿Por qué personas como aquellas con las que trabajamos en los centros de rehabilitación y que con los debidos apoyos y tratamientos pueden disfrutar de una total integración en la sociedad deambulan allí por la calle estigmatizando gravemente la imagen de la enfermedad mental?
Sin tener los estudios necesarios -soy jefe de taller en un centro de rehabilitación laboral en la Comunidad de Madrid- y sin haber investigado lo suficiente ni realizado un exhaustivo estudio sobre el terreno, mi opinión es que la respuesta a esta cuestión tiene que ver con las dificultades económicas que existen en ese país para acceder a una sanidad digna. La de EEUU es una sociedad de extremos y contrastes pero -y esto me toca la fibra por la relación profesional y personal que tengo con este colectivo- ver a un joven de veinticinco años ataviado con ropa extravagante y hablando solo entre la puerta de una fastuosa joyería y el paso de una limusina es una vergüenza social. No tener dinero para pagar el tratamiento y atención necesarios nunca debería ser una razón para acabar en esas condiciones y ninguna sociedad con poder adquisitivo suficiente para resolver el problema debería permitirlo.
La imagen de la enfermedad mental no debe ser esa. No debe ser un “loco” diciendo incoherencias, ni una mirada perdida, ni un peligro. La enfermedad mental es parte de la sociedad, es tu vecino, tu compañero de oficina, es la persona que se sienta en frente en el metro y que se dirige, al igual que tú, a su puesto de trabajo. Sintámonos, por ello, afortunados de vivir en una sociedad que, pese a las adversidades, aun es capaz de seguir tendiendo la mano a aquellos que, sin haberlo elegido, sufren una enfermedad mental. El camino hacia la normalidad a través de la recuperación no puede ni debe ir en otro sentido.
Antonio Carralón López, Jefe de Taller del Centro de Rehabilitación Laboral “Torrejón”.
Autor fotografía: Antonio Carralón
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    12 respuestas a Enfermedad mental e imagen

    1. Miguel dijo:

      Nada es ajeno a la locura, amigo Antonio.
      Ni a su génesis ni a su mantenimiento y expansión.
      Tampoco las ciudades.

      Lugares de pura especulación mercantil producen soledad y abandono mutuo entre las personas. Y la falta de afecto y la soledad es la antesala de la locura. Contra eso debemos ocupar las ciudades con iniciativas de vinculación en las que seamos algo y alguien, potenciar la creación artística y la participación libre y gratuita en parques, plazas y espacios abiertos de la ciudad… Las asambleas de barrio, los pequeños cines, los teatros de aficionados, los huertos urbanos, los mercadillos … Cada iniciativa es una píldora de salud mental.

      Si continuamos produciendo lugares “perfecta y pulcramente” urbanizados pero sin intercambio alguno de experiencias e incluso de enseres, sin lugar para el descanso, para orinar en paz o para tumbarse (incluso sentarse resulta imposible si no es en la terraza de algún bar: buscadme bancos cómodos en la ciudad!), si continuamos así, cada vez más gente se irá desconectando definitivamente, uno a uno, en silencio y discretamente, … como es debido, como se espera de alguien debidamente “urbanizado”.
      Y todo el mundo se preguntará cómo pudo ocurrir.

      • “la falta de afecto y la soledad es la antesala de la locura” Ahí es donde quiero apuntar cuando hablo de apoyos y tratamientos, Miguel. Apoyo profesional pero también familiar y social. Y siempre desde el afecto. Esperemos que el avance de la sociedad no se olvide nunca de ellos.
        Muchas gracias por tu comentario.

    2. Silvia Parrabera dijo:

      Gracias por la redacción Antonio y por el comentario de Miguel…da gusto saber que hay gente que no deja de ver lo que la mayoría no quiere o no puede mirar de su entorno más cercano.

    3. Miguel Díaz dijo:

      Gracias Antonio por ofrecer un punto de vista diferente de esta sociedad nuestra donde por fortuna, ya hemos avanzado una gran parte del camino a favor de la salud mental. Sólo espero que no sigamos imitando el sueño americano y dejemos de andar o incluso empecemos a desandar.

    4. matias dijo:

      No quiero dejar pasar la oportunidad de felicitar al autor de este post, del que me consta su compromiso activo contra el prejuicio. También felicitar a este Miguel comentarista y poeta en prosa, cuyo buen estilo literario, quizá algo vanidosamente, creo reconocer. No sé bien qué cosa es la locura, salvo en el lenguaje amoroso, poético, o en este mayo futbolístico, en las gradas abarrotadas del estadio (ay, Miguel, vaya Barca, vaya Madrid…). El hombre se las apaña solo, sin trastorno, para complicarse y afear la vida. Aunque también es capaz de rebelarse, aun contra su propia condición, e intentar mejorar las cosas. Me gusta eso que escribía Pinillos: El prejuicio pertenece a la naturaleza del hombre de la misma forma que la capacidad de oponerse a él.
      Lo dicho, gracias Antonio por tu post.

    5. jose vicente dijo:

      Muchas veces uno esta al borde de la locura, a un pelo de la desconocido, ese borde nos hace estar medio cuerdo, si se pasa, esta el abismo.

    6. Saray dijo:

      Acertado, humano y tristemente realista.
      Gracias Ant por compartir tu punto de vista.

    7. margarita dijo:

      ANTON GRACIAS A GENTE COMO TU NOS SENTIMOS BOLORADOS .
      NOS A TOCADO ALGO QUE NO HEMOS ELEGIDO MI CASO LA DEPRESIÓN Y DARME CUENTA QUE SE PUEDE SALIR DE ESE POZO, CON AYUDA COMO LA BUESTRA. Y DEJARSE AYUDAR .

      • Muchas gracias, Margarita. Salir del pozo depende, en gran medida, de uno mismo. Y compartir con la sociedad nuestro activismo contra el estigma también. Por ello te invito desde aquí a que compartas tu experiencia porque la voz de los afectados en primera persona es la mejor herramienta. Para ello puedes escribir un correo a hdecarlos@fundacionmanantial.org
        ¡Un abrazo y mucha suerte!

    8. Anónimo dijo:

      Buen Artículo Jefe, yo también estuve hace bastante tiempo en NY y también me llamó la atención en aquel momento el contraste de esa gran ciudad, pasabas de cruzar de una calle a otra, y en una parte se veía gente bien vestida, edificios lujosos, etc. y en otra todo lo contrario vagabundos, edificios medio en ruinas, etc. Bueno mi conclusión en aquel momento fue que se había deshumanizado al hombre, cada persona era un individuo solitario, un número, sólo valorado por su estatus social, etc. y volví a apreciar lo que yo tenía los valores transmitidos, el cariño y el amor de mis padres, la compañía, los juegos, etc. de mis hermanos y mi abuelo, la amistad de mis amigos y compañeros de clase, y tantas otras personas que hacían que me sintiera como una persona, como un chaval, como quien es el hombre realmente. Ahora casado y con hijos a pesar de las dificultades que nos presenta esta sociedad que se empieza a parecer a la de NY que vi hace tiempo, trato con toda mi alma de transmitir todo lo que he recibido de joven y niño, a todos los que tengo a mi alrededor, mi mujer, mis hijos, mis amigos, mis compañeros de trabajo, etc.
      Somos todos PERSONAS y no lo contrario, que es lo que nos quieren hacer ver.
      Lo dicho, muy buen artículo jefe.

      • Muchas gracias por tu comentario. Y muchas gracias por tener esa visión tan hermosa de la sociedad. Ójala mucha más gente la tuviese igual. Nueva York, San Francisco, Las Vegas… Supongo que en toda gran ciudad de esa sociedad ocurre lo mismo. Menos mal que por aquí la nuestra está un poco mejor educada. ¡Aunque aun nos falta mucho para la integración plena!
        Un abrazo muy fuerte.

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