En el otoño de la vida

Para empezar, tengo que decir que hace mucho, mucho tiempo que no escribo nada. Después de atravesar una etapa en la que estuve inspirado, y en la que las palabras parecían salir de mí sin ninguna dificultad, he tenido que pasar por otra de casi dos años largos sin coger el bolígrafo.
 
Ahora me gustaría escribir sobre el tema de la vejez.
 
Primero, ya no soy joven; soy un hombre de mediana edad al que su circunstancia no le ha permitido aprovechar el tiempo tan bien como hubiera deseado. Hasta hace poco, he estado preocupado por haber desperdiciado mi adolescencia y mi juventud; tampoco he acabado una carrera ni he adquirido conocimientos. Tuve una pareja, pero no duró mucho y no me siento con ganas de buscar otra persona. Tampoco me he independizado, y en muchos aspectos no puedo hacer una vida “normal”.
 
¿Podrían cambiar las cosas de aquí a veinte o treinta años? La verdad es que si echo la vista atrás y comparo, la respuesta es un rotundo no. Sin embargo, la clave está tal vez en intentar modificar la forma de percibir lo que me rodea, lo que es una tarea ardua, pero tal vez la única posible. Como todos sabréis, la realidad no es una ni inalterable, sino que cada uno construye su propia realidad a través de lo que percibe.
 
A estas alturas de mi vida, pienso que ya es hora de desembarazarme de los miedos que me paralizan y me hacen sentir mal, y que es mejor encarar el futuro (la senectud) con realismo y valentía. Pienso que pasaré la última etapa de mi vida en una residencia de ancianos. ¿Es esto tan horrible? Por supuesto que no.
 
Me percato de cómo están los mayores en una residencia de la tercera edad cada miércoles, que es el día que voy a hacer voluntariado allí con una señora. Parecen estar tranquilos, tal vez bastante aburridos, pero no creo que lo estén pasando mal, en general. Pienso que la mayoría se han acostumbrado a su nueva situación (en realidad, no les queda otra alternativa) y aceptan esta forma de vida con resignación, unos, y con normalidad, otros.
 
Además de esta percepción sobre los ancianos, tengo que añadir que yo también he sido residente en varias ocasiones. Se puede sobrellevar sin dolor siempre y cuando tu estado de salud te lo permita. Por ejemplo, mi penúltimo ingreso no fue traumático porque yo era consciente de lo que me pasaba, mi estado de ánimo era bueno y me encontraba protegido en el hospital. Entonces, ¿por qué pienso que el final de mi vida va a ser doloroso? Lo que veo desmonta esta creencia. Es decir, si no empeoro (cosa que espero que no pase porque intento cuidarme), tal vez la vejez sea una etapa en la que, debido a la experiencia que voy a tener, me permitirá integrar todo lo bueno que he ido absorbiendo en etapas anteriores.
 
Prefiero pensar con optimismo. El pasado no volverá, pero el futuro puede ser halagüeño. y todo depende de cómo enfoque el ocaso de la vida. Ocaso que todos tendremos que atravesar y llevar con ilusión, ya que es otra fase de nuestra existencia, con sus ventajas y desventajas.
 
Álvaro Villalón Mateos
Mi frase: “Contra el malestar, el deporte”. Estoy convencido de que ir al gimnasio y coger la bici regularmente, me ayuda a estar más sano.

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    Una respuesta a En el otoño de la vida

    1. anabelen dijo:

      ME encanta gracias alvaro

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